El flautista de Hamelin

El flautista de Hamelin, es un cuento tradicional que fuera recopilado por los Hermanos Grimm. Su origen estaría situado en las invasiones de ratas de la Edad Media.

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Dicen que hace muchísimo tiempo, en la rica ciudad alemana de Hamelin, hubo una invasión de ratones, los que se paseaban sin preocupación por las casas, saqueando los graneros y las alacenas a voluntad. Los pobladores no conseguían deshacerse de la plaga por más que lo intentaban. Habían probado todas las recetas, pero ninguna funcionaba. Estaban desesperados, tanto que ofrecieron una enorme recompensa para aquél que lograse eliminar a la plaga.

El 26 de junio de 1284, apareció un misterioso hombre, delgado y excéntrico, acompañado por su flauta, y prometió eliminar a los intrusos a cambio de la recompensa. Los ciudadanos de Hamelin aceptaron de inmediato.

El flautista desenfundó su instrumento y comenzó a tocar una melodía maravillosa, que consiguió atraer a los ratones de toda la ciudad, los que embelezados por la música, se congregaron en torno al extraño hombre. Cuando estaba rodeado por una increíble muchedumbre de ratones, el flautista comenzó a caminar por las calles de Hamelin sin dejar de ejecutar su instrumento. Los ratones lo seguían sin percatarse que se alejaban de las casas. Llegaron a los confines de la ciudad y el flautista no se detenía, tocaba y tocaba, mientras los ratones lo seguían. Salieron de la ciudad y se encaminaron al río.

Al llegar a la orilla del río, el flautista no dudó y se metió en el agua, los ratones lo siguieron, sin percatarse en lo más mínimo, del peligro que corrían. Uno a uno, fueron entrando al río y pereciendo. La ciudad quedó libre de su plaga.

La alegría retornó a Hamelin y se programó una gran fiesta. Cuando la fiesta estaba en todo su apogeo, el flautista se presentó para cobrar su recompensa. Los ciudadanos notables decidieron que la enorme recompensa no estaba de acuerdo al trabajo simple que había realizado el flautista, por tanto, se negaron a pagar lo acordado. El flautista se sintió tan enfurecido que decidió vengarse.

Sin aviso ni ceremonia, el flautista comenzó a tocar otra melodía encantadora por las calles de Hamelin, pero esta vez lo siguieron los niños de la ciudad, sin que sus padres pudiesen hacer nada para impedirlo.

Sin preocuparse, el flautista se dirigió nuevamente a las afueras de la ciudad, donde se metió otra vez en el río, con los niños tras de sí. Fue la última vez que los vieron.

Dos pequeños se retrasaron del grupo y pudieron salvarse de su destino cruel, pero uno era ciego y no pudo mostrarles el camino, el otro era mudo y no consiguió hacerse entender. La ciudad quedó desolada, nunca se recuperó de tal pérdida.

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